Si me escucho, te puedo escuchar

Una persona me pregunto ¿por qué el blog se llamaba “un espacio para escucharme”?, me comentó que le parecía un poco egoísta de mi parte que el blog fuera un espacio para escucharme (a mí) y no un espacio para escuchar al otro, o bien, un espacio para compartir con otros.

La respuesta es muy sencilla, pienso que es imposible escuchar a otro si no me escucho primero a mí. Déjenme explicarme, desde mi perspectiva cuando uno escucha a otro, debe haber silencio, debe haber espacio para recibir lo que el otro trae para compartir conmigo y para que eso suceda, es necesario primero escuchar lo que uno trae adentro. Cuando uno atiende a su voz interna, ya sea la que viene de su mente o de su corazón, entonces llega el silencio que te permite no solo escuchar al otro sino entenderlo.

Para los que somos católicos y creemos en Jesús, recordaremos que él nos dio un mandamiento que nos invita a eso “ama a tu prójimo como a ti mismo” en ocasiones mal interpretamos el mensaje y creemos que el mensaje es, “ama a tu prójimo en vez de a ti mismo” pero eso no es lo que dice, primero debemos amarnos a nosotros para poder amar al otro y en ese amar, entra la escucha.

Escuchar a otro sin antes escucharse, sería tan complicado como querer guiar a otro por un camino obscuro sin haberlo recorrido primero.

Para escuchar al otro es necesario tener el espacio adecuado y no me refiero al espacio físico (que también es importante), me refiero al espacio interior para poder recibir lo que el otro trae para compartir, no basta tener tiempo, hay que ocuparnos del espacio. Escuchemos primero nuestras inquietudes, nuestros sueños, nuestros juicios, nuestros miedos, nuestros deseos, lo bueno y lo no tan bueno, solo desde ese espacio seremos capaces de escuchar al otro y regalarle uno de los mejores regalos, “entenderlo”.

Me encantaría decir que este espacio se llama así por elección, la realidad es que no es así, el blog lo construí muy rápido (en otro post les contaré el proceso) y seleccione 2 nombres que ya existían, después surgió este, podríamos decir que “casualmente”, aunque en esta vida “nada es casualidad”, la respuesta correcta es que el blog se llama así porque las opciones que seleccioné ya estaban ocupadas y ahora le he encontrado un sentido.

Un espacio para escucharme, es una invitación y me encantaría que a través de este espacio ustedes también puedan generar un espacio para escucharse a ustedes.

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