Caras vemos, jardines conocemos…

Atrás de una mala cara o de un mal trato, hay un corazón necesitado…

Curiosamente cuando la mayoría de nosotros recibe una mala cara o un trato poco amable por parte de alguna persona, tendemos a reaccionar. Muchas veces esa reacción, en el mejor de los casos, nos orilla a evadir a la persona, en otros inclusive a tratarla de la misma manera en que nos ha tratado.

Nuestro estado de ánimo e incluso nuestra forma de ser son un reflejo de lo que traemos dentro, de las experiencias que hemos tenido y desde mi punto de vista es un error creer que estos son atributos de la persona, algo con lo que nació y no puede cambiar, con esa premisa los etiquetamos y actuamos en consecuencia.

Pensemos en esto, si una persona lleva tiempo recibiendo un trato hostil, o bien, si la gente no se interesa por ella, si no hay alguien que la haga sentir especial o valiosa, difícilmente esa persona podrá tratar a alguien con calidez, es muy complicado compartir un sentimiento que no tiene dentro de ella, que nadie le ha sembrado o que nadie ha cultivado en ella.

Imaginemos que dentro de nosotros tenemos un jardín y en él constantemente tanto nosotros como las experiencias que vivimos siembran distintos sentimientos: alegría, tristeza, amargura, amor, celos, cólera, confianza, envidia, gratitud, miedo, orgullo, etc. Estos sentimientos para crecer necesitan ser alimentados, necesitan ser regados, necesitan ayudarlos a crecer y ¿quién crees que es el jardinero de ese jardín?, la respuesta es obvia, nosotros mismos, lo que creo que pocos saben es que hay más jardineros que colaboran en esta actividad, todo aquel con quien nos relacionemos mete mano a ese jardín.

Viendo la situación desde esta perspectiva, es evidente que todos contribuimos a las caras largas, a los malos tratos, a la indiferencia que habita en las personas con las que convivimos, probablemente no somos responsables de haber hecho crecer esos sentimientos en su jardín, pero sí somos responsables de no colaborar para que el resto de sentimientos que generan sonrisas y buenos tratos crezcan en ellos.

La próxima vez que tengamos una experiencia poco agradable con alguien, recordemos que su estado de ánimo y su forma de ser, no son un estado fijo en la persona, se deben a las experiencias que ha estado teniendo, seguramente alguien ha estado regando los sentimientos que generan eso y necesita que alguien se ocupe del resto de su jardín.

Hazte una pregunta, ¿cómo está tu jardín?, ¿tienes disposición de ayudar a regar el jardín de la otra persona? (eso revela realmente en que condiciones está tu jardín), si decides ayudar a regar su jardín, pon atención a cuál es el sentimiento que estas haciendo crecer, seguramente es uno de los que abunda en ti.

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